Afortunadamente, en los últimos años cada vez se relaciona más la alimentación con la salud (sin olvidar que también es una fuente de placer). Sin embargo, no es tan conocido el papel que ha tenido la alimentación en nuestra evolución. De hecho, para llegar al lugar en el que nos encontramos hoy como seres humanos (no reflexionaré hoy sobre el estado actual del mundo), los patrones de alimentación que han seguido nuestros antepasados durante miles de años han desempeñado un papel fundamental.
Durante mucho tiempo, nuestra forma de alimentarnos no solo ha nutrido nuestro cuerpo: ha moldeado nuestro cerebro, ha adaptado nuestro metabolismo y ha condicionado nuestro sistema inmunológico. A través de este texto, trataré de analizar brevemente la influencia que ha tenido la alimentación en la historia del ser humano, con el objetivo de entender los cambios en la dieta que se han producido desde Australopithecus hasta Homo sapiens.

De Australopithecus a Homo sapiens: cambios fundamentales en la alimentación.
1. De herbívoros a omnívoros: un salto cualitativo.
Los primeros homínidos, como Australopithecus afarensis, eran herbívoros y se alimentaban principalmente de frutas, hojas y tubérculos. Hace aproximadamente 2,5 millones de años, con la aparición del género Homo y el desarrollo de herramientas para procesar alimentos, este patrón alimentario cambió de forma notable. El inicio del consumo de alimentos de origen animal tuvo un impacto significativo en aquellos protohumanos:
Impacto evolutivo:
- El consumo de alimentos de origen animal aportó más calorías y nutrientes, como el hierro y las grasas.
- Esta energía adicional permitió el crecimiento del cerebro (el sistema nervioso consume una gran cantidad de energía). El volumen del cerebro humano se triplicó, pasando de aproximadamente 400 cm³ a 1.300 cm³.
Referencias: Fish, J. 2003. eta Luca, F. 2014.
2. La importancia de las grasas y los alimentos cocinados.
El uso del fuego, hace aproximadamente 1,8 millones de años, supuso un hito en la evolución humana. Por un lado, la cocción reduce la presencia de patógenos, lo que se traduce en una menor incidencia de enfermedades. Por otro, los alimentos cocinados se digieren mejor y hacen que los nutrientes sean más biodisponibles, es decir, que se absorban con mayor facilidad.
Impacto evolutivo:
- Los alimentos cocinados requieren menos energía para ser digeridos; esa energía puede destinarse al cerebro.
- Las grasas de origen animal desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de la mielina, acelerando la transmisión neuronal. La mielina es la capa que recubre y protege los axones de las neuronas (y que, por ejemplo, se ve afectada en la esclerosis múltiple).
Referencia: Wrangham R, 2009. eta Wrangham (2009) 📘 Catching Fire: How Cooking Made Us Human
3. La importancia de los productos marinos en el desarrollo cerebral.
Otro elemento del que se habla poco en relación con la evolución, pero que resulta fundamental, es el papel que desempeñaron el pescado y el marisco. Estos alimentos, ricos en ácidos grasos omega-3, yodo, zinc, selenio y otros micronutrientes, fueron clave para el crecimiento del cerebro. A menudo comento a mis pacientes la importancia de los productos marinos y les aconsejo priorizarlos frente a otros alimentos.
Impacto evolutivo:
- Los ácidos grasos omega-3, especialmente el DHA, son esenciales para la estructura y el funcionamiento de las membranas neuronales.
- El yodo, abundante en los alimentos de origen marino, garantiza el correcto funcionamiento de la tiroides, algo clave para el metabolismo y el desarrollo cerebral.
- El zinc es fundamental para la neurogénesis, la comunicación celular y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico.
- El selenio, un potente antioxidante, protege al cerebro frente al estrés oxidativo y favorece el equilibrio hormonal.
- Las deficiencias de zinc, selenio y vitamina D están directamente relacionadas con problemas de inmunidad, ya que estos nutrientes son fundamentales para regular adecuadamente la respuesta inmunitaria.
- Las poblaciones que vivían cerca del mar o de lagos tenían acceso constante a estos nutrientes, lo que pudo favorecer y acelerar el crecimiento cerebral.
Referencias: Cunnane, S. 2003. eta Broadhurst, C.L. 1998
4. La agricultura: un cambio decisivo.
Hace aproximadamente 10.000 años, durante el Neolítico, los seres humanos pasaron de ser cazadores-recolectores a agricultores. Esto supuso un cambio importante en la dieta. Se pasó de una alimentación variada y estacional a otra más básica y menos diversa. Alimentos hasta entonces poco habituales comenzaron a ganar protagonismo: los cereales, las legumbres y los productos lácteos se convirtieron en la base de la dieta.
- Ventajas:
- La agricultura garantizó una fuente estable de alimentos y permitió el desarrollo de sociedades más complejas.
- Desventajas:
- Como consecuencia de una dieta con menor densidad nutricional, la estatura media de los seres humanos disminuyó (es decir, nos volvimos más bajos) y comenzaron a aparecer enfermedades derivadas de deficiencias de micronutrientes, como la anemia ferropénica (por falta de hierro).
- El impacto del gluten y los cereales: ciertas proteínas —especialmente el gluten— pueden aumentar la permeabilidad intestinal. ¿Por qué ocurre esto? El gluten es una proteína muy grande, formada por largas cadenas de aminoácidos. El aparato digestivo humano, como el de otros mamíferos, no dispone de las “herramientas” necesarias para fragmentar completamente estas cadenas tan largas, por lo que no siempre se digiere de forma adecuada. Esto no ocurre únicamente en personas con enfermedad celíaca (una patología autoinmune), sino que puede darse, en mayor o menor medida, en cualquier individuo, independientemente de que presente síntomas o no.
El consumo de gluten se ha asociado con un aumento de la zonulina, una proteína presente en el intestino capaz de modular las uniones entre las células intestinales, incrementando así la permeabilidad. Como consecuencia, toxinas o antígenos pueden atravesar la barrera intestinal y pasar al torrente sanguíneo, favoreciendo procesos de inflamación sistémica y, potencialmente, el desarrollo de enfermedades autoinmunes. Por ello, conviene prestar atención al consumo de gluten.
Referencias: Fasano A, 2012. eta Mummert. A. 2011 .
Alimentación moderna vs alimentación ancestral
La vida moderna nos conduce hacia la enfermedad. Son muchos los factores que hay detrás de esta afirmación, pero dado que en este texto estamos hablando de alimentación, me centraré en ese aspecto. A continuación, algunas de las costumbres que tenían nuestros antepasados (y que quizá deberíamos recuperar):
- Diversidad alimentaria: nuestros antepasados seleccionaban una gran variedad de alimentos diferentes, como verduras, frutas, tubérculos, frutos secos, carne de caza y productos marinos. Esta diversidad permitía obtener de forma adecuada todos los nutrientes necesarios. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer déficits nutricionales.
- Alimentos naturales y no procesados: durante gran parte de nuestra evolución, los alimentos han sido frescos y naturales. En la actualidad, la dieta moderna se basa en productos procesados.
- Menos y mejores carbohidratos: antes de que los cereales se convirtieran en la base de nuestra alimentación durante el Neolítico, nuestros antepasados cazadores-recolectores consumían menos carbohidratos, en función de la estación del año (más en verano, menos en invierno). Hay que tener en cuenta que la función principal de los carbohidratos es energética (aunque también cumplen funciones hormonales, especialmente en el caso de las mujeres). El consumo excesivo actual, sobre todo de hidratos refinados, se asocia con la obesidad y la diabetes.
- La importancia de las grasas saludables: las grasas han desempeñado un papel fundamental en la evolución humana y, hoy en día, siguen siendo esenciales para el funcionamiento del cerebro y del sistema hormonal.
La alimentación como herramienta para salud individual y colectiva
La alimentación no es solo una forma de sobrevivir; ha sido uno de los factores que ha influido directamente en la evolución de nuestra especie. Comprender qué y cómo comían nuestros antepasados nos permite interpretar muchos de los problemas de salud actuales desde otra perspectiva.
En definitiva, comprender el impacto que nuestros hábitos alimentarios tienen sobre nuestra fisiología puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes en el día a día, si queremos cuidar nuestra salud.
Espero que este texto te haya resultado interesante. Si te ha parecido útil, compártelo con tus familiares o amigos.
Besarkada bat!